Me ofreces otro rostro para que me confunda. Intentas introducir en mi contemplación un desorden de mis ideas. Como si me indicaras: no debes interpretarme, solamente debes mirar y sentir. ¿Quién se atreve a sentir ante una piedra por muy peculiar que se revele? Prueba y verás. Mejor dicho: intenta otra mirada hacia mí y me sentirás. Incauto yo. Me esfuerzo en hacer el ejercicio de intentarlo.

