Solo tienes ojos para ti mismo, no porque no te interese el mundo que te rodea, no porque te rindas a tu propia idolatría, no porque te ensorbebezcas, sino porque necesitas conocer cada recoveco inestable y pasajero que hay en ti, que generas de ti, porque deseas guardar memoria de un tránsito que te va a modificar a cada instante, y es esa necesidad que sientes de probar lo que das de ti mismo lo que te ilusiona, y esta ilusión es más fructífera que la de retener reuerdos, más seductora que refocilarte en la memoria de antiguas contorsiones, también los retorcimientos nuevos son aprendizaje, porque ¿qué marca y dónde termina el afán de aprender? o ¿no es acaso el modo de aprehender la vida?

















a.jpg)


a.jpg)












.jpg)













