jueves, 16 de mayo de 2024

El alma condenada o De Bernini a Bartolozzi

 



Creo que no hay mayor condenación del alma que la ira. La ira acumula con frecuencia otras característicsa negativas: la soberbia, por ejemplo, la envidia, el deseo de venganza. Entiendo por alma todo ese espectro emocional, afectivo y sentimental que le permite al humano hacer, desarrollarse, intimar.

La escultura que me ha permitido unas reflexiones sobre la ira  es un vaciado en escayola de 1897 realizado por Lucas Bartolozzi Bartolozzi, que estaba al frente del taller de vaciados de la Academia de Bellas Artes de San Fernando. El original de la obra, de 1619, es de Gian Lorenzo Bernini, y está situada en la Embajada de España ante la Santa Sede, en Roma.

Leo por alguna parte que es un autorretrato de Bernini, en un intento de gritar al infierno. Muy teatrero, como el mismo espíritu barroco. Pero todo grito contra algo o alguien es siempre un ejercicio de cólera. A mí me sugirió más un desarrollo terrenal que una actitud contra uno de los elementos necesarios en la narración religiosa. Pero ¿es que el infierno en vida, con todos sus ingredientes de sufrimiento, de causantes y víctimas no es algo puramente humano?

Mi capricho en llamar tiempo gestual a esta mini serie de devaneos es un juego con la gramática latina. Y un homenaje. El tiempo gestual complementa cuando no sustituye al tiempo verbal. Me parecía apropiado conjugar el presente de indicativo del verbo Sum porque es el narcisismo del presente lo que embarga y condena al iracundo. Por lo demás, que cada cual lo entienda como guste.

La copia de Bartolozzi se encuentra en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid.



14 comentarios:

  1. Discrepo. La reina de los pecados es la envidia. Muy de largo. La ira solo es una consecuencia posible de ls envidia. Un medico diria que curar la ira, seria como combatir el sintomA y no la enfermedad.
    Respecto a la apreciacion que me sugeria el gesto, supongo que sabes que Bernini era cantante ( aficionado) de opera.
    Abrazooo

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    1. Es bueno discrepar, al final resulta la vida un juego de intercambio de cromos. Te doy ira y me das envidia, o viceversa. Estas pasiones maníacas están tan relacionadas que me da lo mismo que lo mismo me da. Coincido contigo en considerar el poder devastador de la envidia, una actitud anímica tan larvada como serpenteante, capaz de destruir vidas propias y ajenas.

      Bernini, un cachondo, sin duda.

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  2. Está bien leer tus "devaneos" todos tenemos algunos aunque no sepamos expresarnos igual que tu. La ira es algo que no me afecta, no la sufro y de la ajena me alejo.Un abrazo

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    1. Es lo que conviene, alejarse del iracundo, no prestar atención a sus repentes...o constantes.

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  3. Tenemos el ejemplo perfecto por estos lares. Ahora está yendo para allá. Disfruten por un rato ustedes sus gestos, gritos y vulgaridades. Su ego enfermo alcanza para espantar y descolocar al más cuerdo

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    1. No, gracias. Él y todos los desalmados que van a reunirse con él pueden ser la causa de un futuro terrible. Pero de los electores depende.

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  4. Poliédricos somos, y como tales, la ira es otra cara nuestra.

    Un abrazo

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  5. Están los que gritan porque tienen algo para decir y quieren ser escuchados.
    Y están los que gritan para que nadie sea escuchado.
    Usualmente los segundos gritan más fuerte porque también ellos son más.

    Saludos,
    J.

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    1. De cualquier modo gritar no es el camino de hacerse valer y menos de entenderse. Últimamente estoy muy sensible, como nunca, al ruido y el griterío. El problema es que unos tienen más medios (mediáticos) para chillar. Y hay mucho tonto que se deja influir. Saludo.

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  6. Hola, Jean:
    Encantado de haberte descubierto.
    Soy persona iracunda. No es un rasgo que me defina pero sí que me acompaña y ayuda a que sea resolutivo –aunque caiga en lo destructivo–. No sé mi alma, pero mi ánimo no siente este rasgo como una condena.
    Respecto a la escultura cuya fotografía reproduces, no la conocía. Tal y como escribes, me resulta muy “teatrera”, casi histriónica.
    Un abrazo, Jean.

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    1. De la ira y de la cólera (ambas tienen sus matices) no nos libramos nadier. Hay quien ejercita más cvotidianamente y quien lo hace solamente de forma ocasional. La cuestión no es (solo) sentirse condenado, sino las dificultades que generan en las relaciones humanas.

      El barroco y sus secuelas es muy histriónico, pero ya estamos curados de espantos.

      Gracias por comentar.

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  7. Asumo la ira como una de las expresiones de un estado de fracaso. Duele tanto que para al menos, condolerse, se catarsisa en rabia. Saludos. Carlos

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    1. Pero es un recurso innato probablemente, del que se haga uso o abuso en función de las deficiencias del individuo. Sea fracaso, impotencia o excesivo celo y deseo para alcanzar lo que no se logra, la ira es instintiva y dolorosa para muchas peresonas y quienes soportan al portador de tal defecto (que a veces es exceso)

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