lunes, 30 de agosto de 2010

Observantes (5)

Hay miradas heridas. Quiebras que llegan desde muy hondo. Miradas desvalidas y apagadas. Donde la sombra de los años o el cuchillo del mal desarma su antigua capacidad penetrante sobre el paisaje. Ojos que se ciegan a sí mismos en el abandono. Ojos que se desplazan ya sin rumbo, que miran en todos los sentidos sin encontrar una ubicación que les salve. Miradas que se dirigen principalmente al interior, donde se recluyen entre el veneno y el trastorno. Las suyas son miradas hacia atrás. Un apagamiento lento que ya no urge ni a la memoria propia. Una desasistencia. Una rendición.

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