viernes, 20 de octubre de 2017

51. El rugido de la fiera y el lord inglés




Según un viejo cuento oral de los Ao Lai, que habitaron la región thai bañada por el Mekong,  los tigres de las zonas más profundas de la manigua manifestaban una extraña relación con los fenómenos naturales. Así, cuando se desataba una tormenta los animales se mostraban primero cohibidos, buscando refugio, a veces inútilmente, para luego enloquecer en apariencia y a continuación ponerse a dar furibundos rugidos a diestro y siniestro. La leyenda aclara, o es su interpretación, que los animales se crecían con un instinto inteligente, casi racional, plantando cara a los truenos y a los relámpagos con su voz estruendosa, dirigiendo zarpazos al aire y en ocasiones agitando los troncos de aquellos árboles más débiles, a los que desgajaban su corteza. Que no se cruzara entonces en su camino de mal humor ningún otro bicho de la selva porque, si bien se respetaban territorios, la circunstancia del temporal provocaba que cualquier otra especie fuera vista por los tigres como componente de la furia desatada del cielo. 

Los depredadores humanos que trataban de hacerse con las piezas más valiosas de tigres para su cautividad o para exponer la piel en las mansiones lujosas de la metrópoli colonial, procuraban ponerse a salvo ante la proximidad de una tormenta. Uno de aquellos cazadores, el orgulloso británico Lord Edward James, bien inducido por el whisky de la noche o por la chulería propia de quien se sabe con buenas rentas en su país de origen decidió salir en busca del animal en un amanecer que alboreó calmo y que acabó cubriéndose de nubes amenazantes. Se despistó a propósito del resto de la expedición y se arriesgó a emprender la aventura en solitario para mayor gloria de su narración futura entre las gentes de la buena sociedad londinense. 

Permaneció desaparecido cuatro días. Todos le daban por muerto, cuando un thai de la zona lo halló desnudo, con el cuerpo magullado, la cabellera desigual, la barba crecida, dando saltos sobre el suelo cargado de humedad. No serían sino huellas consecuentes y normales de haber pasado a la intemperie tantas horas, si no hubiera sido que el bueno de Lord Edward James no paraba de emitir rugidos, golpear su cabeza contra los troncos y dar manotazos por doquier, mientras danzaba frenético. Tuvieron que atraparle con una red, como a los animales más salvajes. Cuando le preguntaban qué le había pasado, dónde había estado o qué había visto, él solo respondía con rugidos de mayor tono y con gestos desesperados de alta intensidad.

Lord Edward James estuvo internado en un hospital importante de Pattaya. Cuentan que se repuso de los desperfectos visibles de su cuerpo, que logró hablar normalmente y cuando fue dado de alta no se advertía muestra alguna de su metamorfosis anterior. Salvo en una circunstancia. Bajo ningún concepto debía permanecer en el lugar donde se produjera una tormenta. Por lo que siempre tuvo un vehículo a su disposición, dispuesto a ponerse en marcha y huir de la cruel naturaleza. Los malintencionados comentaban en el Parlamento del Imperio que un tigre se había apoderado de él, como experimento para adentrarse en el mundo de los humanos.

Si caes en esta casilla, jugador de la Oca de Artemio, y observas que viene un frente nuboso inquietante no demores tu partida. Salvo que prefieras arriesgar tu palabra por el rugido.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)




miércoles, 18 de octubre de 2017

50. De ave en ave (cuento erótico)




De ave en ave y tiro porque usted sabe. O debería saber, aunque la apuesta vital se oculta entre una cierta previsión y una rotunda conclusión, no se engañe, mon ami. Eso le dijo Madame La Mauvemaison a su último amor de provecho mientras ambos reposaban de sus ardientes ejercicios de pasión. Las aves incitan a vuelos terrestres con solo admirar su despliegue sobre nuestras cabezas. Y como  requería su estado de satisfacción al borde de otro de solicitación que le proporcionaba un tiempo para recuperarse, siguió hablando. De ahí suele decirse que vuela con la imaginación o voló demasiado alto si lo que pretendió realizar era excesivo y no lograba el objetivo o simplemente se dice vuela de una vez a quien se considera inmóvil o se habla del vuelo de las ideas o de cómo voló el dinero...Los vuelos de los pájaros proporcionan coartadas expresivas acertó a decir, en un alarde de demostración retórica, Monsieur de La Banque, potentado venido a menos desde que abandonó a su mujer, absorbido por la joven dama de aquella corte caduca y en riesgo de Luis XVI. Contigo me siento volar, le dijo la atractiva amante al enloquecido y galante varón observando si éste se recuperaba del desenfreno. A él le supo a gloria aquella frase, si bien ignoraba que anteriormente Madame La Mauvemaison la había practicado en su elegante lengua con otros caballeros, lacayos, sirvientes y criados de cuadra. ¿Me estás sugiriendo, querida, que deseas volar de nuevo?, insistió el incauto amante. Pero en aquel momento la puerta de la chambre se estaba abriendo y la dulce e inexperta Martine se asomaba y pedía disculpas mientras su faz sonrosada y su busto remarcado eran una provocación para los amantes del desastre del fin de la historia.



(Ilustración de Artemio Rodríguez) 

lunes, 16 de octubre de 2017

49. Albricias




Diríase que es el hombre triunfante. Aunque no lo es. Acaba de descubrir que para vivir ha nacido y acaso no está tan lejos de adoptar el disfraz que su condición social le exija. El hombre que se cree triunfante salta, da gritos discordes, ríe y llora alternativamente de emoción. Agita sus extremidades, con unas impulsa la velocidad del cuerpo, con las otras acompasa el ritmo. Su cuerpo entero es una exhibición a través de la cual va distinguiendo su propiedad principal: el ego. Su cabeza no da de sí todo lo que se espera de la cabeza de un hombre triunfante. De hecho, aún no le concede sino la apariencia de que algo situado sobre los hombros pretende regir una carrera indeterminada. El ego ya trabaja antes de que se edifique dentro de su testa el resto. Eso que los otros vivientes llaman la razón, el pensamiento lógico, el discurso, la causalidad y los efectos varios que se irá encontrando en su carrera cotidiana, entre otros conceptos. Así que el ego va sabiendo de alegrías pero también de disparates, de placeres instintivos pero también de dolores inesperados, de admisiones pero también de repulsiones. Por supuesto, el ego ya es suficientemente intenso como para desdeñar lo que no le gusta y para afianzarse en la dulzura del aire que respira a todas horas. Late el engaño, como suele suceder en todos los hombres, y no solo en el triunfante. Pensar que siempre va a ser así, que siempre va a vivir porque para eso nació. Si su clamor de guerra es ¡Albricias! dejémosle que disfrute. Hay algo que le disculpa de su pose soberbia. Su victoria de hombre naciente y triunfante no es todavía una victoria sobre otros o a costa de otros. En todo caso lo es sobre la naturaleza del vacío de donde proviene o sobre la capacidad de resistencia al territorio que llega. ¡Albricias!, hombre triunfante. Aprovecha ahora que no sospechas de lo que es  capaz la conjunción de los astros.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


sábado, 14 de octubre de 2017

48. El vuelo efímero




La idea fugaz tiene cuerpo escurridizo y alas que baten para un vuelo corto. La idea fugaz no va a establecer jamás un argumento ni a construir un relato. Su vida efímera la convierte en algo casi imperceptible. Pero si la idea pasajera sabes cogerla al vuelo, si algo de su belleza intrínseca te roza, tal vez sea algo más que un apunte. Hay ideas fugaces que son ciegas, otras apenas atisban una luz, otras, en fin, reclaman tu atención. Entonces retén su existencia un tiempo más. No dejes que se escurra de tus manos antes de que alguna palabra suya revele que está preñada de más palabras. Porque esa idea en tránsito, urgente, sorpresiva vuela sobre palabra y se nutre de otras palabras. Mantenla cerca lo justo y mira dentro de su vientre. Si te ofrece sus criaturas no dudes en adoptarlas. Luego, quieras o no, la idea fugaz se habrá diluido y tú deberás compensar a sus frutos. Así empieza la fuerza de una narración, dijo el anciano Abu-Al'sma-Wuhad a su nieto mientras le enseñaba a leer. ¿Y si la idea fugaz no llega o no me da tiempo a cogerla?, le respondió el niño. El anciano no dudó. A una idea fugaz siempre sucede otra, acaso no tan rápida. Y quién sabe si esa no será más rica.

¿Por qué te quedas ahí pasmado, jugador, si la idea no va a esperarte a ti? Prueba a volar como ella.



(Ilustración de Artemio Rodríguez) 

miércoles, 11 de octubre de 2017

47. El báculo




En la Suma Escuela de los Camaleones el Gran Maestro respondía las preguntas y aclaraba las dudas de los alumnos. ¿Cuál es el mejor color que debemos adoptar?, preguntaba el de la primera fila. El color que tengas más cercano, respondía el maestro. ¿Cómo debemos permanecer ante el peligro?, inquiría uno de más atrás. Con la misma actitud que tenga el peligro, dictaba el cátedro. ¿Qué cuerpo pondremos cuando otros cuerpos se aproximen a nosotros?, preguntó una camaleona. Observad ese cuerpo lo más meticulosamente posible y sed como él. Alzó la mano el alumno más torpe. Si nos cerca un animal agresivo, que no para y se agita constantemente, ¿debemos hacer lo  que hace él? No, dijo el enseñante, en ese instante aparentad que no estáis y os dejará por imposible. ¿Siempre saldremos airosos en cualquier circunstancia, maestro?, preguntó el más crítico, el que tenía fama de incordiar a la clase. Todos permanecieron atentos, esperando una solución que les confirmara seguridad. Siempre que obréis como camaleones pero sin que otros adviertan que lo sois, pontificó la autoridad. 

Entonces el Gran Maestro de la Suma Escuela de los Camaleones, acuciado por el esfuerzo de tener que explicar lo que la naturaleza otorga sin razonamientos, enderezó el cuerpo sobre su propio báculo y ante los ojos de sus alumnos se hizo invisible.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


domingo, 8 de octubre de 2017

46. La vorágine




En el reino de la humedad todo es un flujo constante, que no cesa. Mil especies se disputan la luz oblicua y otras mil sortean con diferente orientación las tinieblas. Hay peces de luz alta o media  y peces de la oscuridad más absoluta. No acaba de saberse cuántos son los que habitan las latitudes del silencio. Allá abajo la norma es la vorágine. Y el orden sigue unas premisas que en otros reinos no podrían comprenderse. También se sabe que unos peces se disfrazan de otros peces. Que hay peces que crecen y disminuyen para sortear los peligros. Que los hay que se revisten de coral o de roca para pasar desapercibidos. Que las algas juegan a desviar la marcha ya de por sí nerviosa e imparable de la barahúnda queda. Que las cavernas absorben y vomitan infinidad de especies como si un mago las sacara de su chistera. Que cada ciclo de equis años nuevas especies se hacen presentes mientras otras desaparecen. La belleza de los océanos fue la misma antes de la aparición del hombre y seguirá siendo aún más hermosa si cabe cuando desaparezca la especie que camina erecta sobre la tierra. Entonces, no serán ni más ni menos felices los habitantes de las profundidades de la humedad, pues tampoco sería de extrañar que apareciera una dominante entre todos ellos y les hicieran la vida, si no imposible, bastante limitada.

Sé pez por un rato mientras tu puño agita el dado. Luego suelta éste de un brinco para que no te pierdas en las dimensiones abisales desconocidas.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


sábado, 7 de octubre de 2017

45. Los de mirada torva




Hay individuos cuya mirada resulta inquietante, asustadiza. Te escudriñan, esperan fríamente tu reacción, adoptan un aire de superioridad, se expresan desde un pedestal, exigen sumisión a sus palabras. Si dices algo, te fuerzan a callar con nuevo verbo altivo. Si callas, exigen con arrogancia que les des la razón. Si disientes, incluso con recato, te hacen de menos y se ríen en tus narices. Si afirmas sus opiniones, te piden que les concedas más aquiescencia. Son como aves siniestras que a veces te encuentras por el camino pero que de verlas venir las evitas. 

Yo que tú, jugador, no me fiaría de la mirada torva de este nuevo pájaro que Artemio ha puesto a volar mientras persigues la jugada definitiva.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


viernes, 6 de octubre de 2017

44. El salvador




Diríase salido de un baile de carnaval. Pero yo fui el único testigo, al que nadie cree, por cierto. Aquel ser surgió desde el resplandor fatal y llegó corriendo hasta donde me escondía del gran trueno. Yo estaba atónito, no sé si por la catástrofe o por la aparición del hombrecillo de cuerpo remendado, pero desde el primer momento le consideré un salvador. Vete de aquí, yo detendré la gran llamarada, dijo con su lenguaje cifrado que traduje inmediatamente. Pero cómo, respondí. Sumérgete en un sueño, dijo. Apenas acerté a decirle que estaba demasiado excitado, que los nervios me rompían las entrañas y el pánico me inhabilitaba. Fue entonces cuando insistió. Podrás dormir, soplaré sobre ti y serás transportado lejos de este infierno. No recuerdo más. Aquí estoy, en un paisaje nuevo, aprendiendo a vivir como si siempre hubiera habitado este espacio. De dónde vengo, porque dicen que he llegado de otra parte, no recuerdo. Si fui otro no me interesa. Si la historia que me cuentan es cierta solamente pongo un inconveniente: me hubiera gustado más salvarme por mí mismo. Ni siquiera sabiéndome a salvo creo en los salvadores.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


martes, 3 de octubre de 2017

43. Venena flagranti




Venena flagranti o Pasionata venenata. De la especie de Motus motus. Es perenne y de difícil localización. No porque no se sepa dónde echa raíces, pues lo hace en todas partes, sino porque su aparición es repentina e imprevisible. Incluso cuando ha emergido de la entraña de la tierra aparenta ajamiento. Debido a la forma desgarbada que adquiere muchos que no la conocen la consideran mustia y, por lo tanto, una hierba salvaje que no aporta nada. En su anonimato está su triunfo. Solamente los campesinos más avezados en plantas y, sobre todo, en desdichas amorosas saben recolectarla a tiempo y actuar con ella. Estos mismos campesinos son altamente estimados por la población en general y, aunque no son ni doctores ni curanderos, se recurre a ellos para calmar las intemperancias de las pasiones. Las hojas de la Venena flagranti se multiplican en cada nivel superior, desdoblándose hacia todos los lados. Su forma lanceolada provoca que muchos la denominen vulgarmente los dardos del amor. Se toma en infusión, si la fiebre es persistente y ha llevado al paciente a estar postrado, o chupándola de manera persistente en la boca, si se trata de jóvenes que perciben latigazos repentinos pero que pueden soportar de pie. Se han producido casos de intoxicación, pero no se ha podido demostrar jamás que fuera debido a la planta en sí o a no respetar el tratamiento de manera adecuada. El botánico español del siglo XVIII Juan María de Larramendi y García de Azpalaza, que recorrió grandes extensiones de Sudamérica llegó a clasificar hasta diecisiete especies de dardos del amor. Los científicos actuales sospechan que existen muchas más variantes y, aun dotados de medios técnicos avanzados, no logran ajustarlas en nuevas categorías.

Jugador, no te quedes alelado ante la bella estructura de la planta y mucho menos ante los efectos que sospechas pueden tener sobre tus ardientes deseos. Es una planta de ver y no ver y te conviene dar el salto hacia otra casilla.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


domingo, 1 de octubre de 2017

42. El montículo de los recovecos




Visto desde lejos el montículo de Karmansur asemeja un zigurat. Barabán, geógrafo del siglo IV antes de nuestra era, ya la menciona como la ciudad de los recovecos. Incluso se habla de que fue habitada por una legión de artífices que no se sentían comprendidos en otras ciudades del reino de Selomán y decidieron fundar una urbe concebida expresamente para poder desarrollar en ella las creaciones que les viniera en gana. 

En contra de lo que se ha pensado en tiempos modernos, el arte no era inicialmente un ejercicio pacífico ni de entretenimiento. El arte era un uso y estaba al servicio de intereses de encargo, aunque siempre haya habido también manos y cerebros que expresaran por su cuenta y para su satisfacción visual. En la ciudad de los recovecos se habían recluido precisamente aquellos artífices que se sentían libres de compromisos, que no deseaban enriquecerse ni servir a señor alguno. Y que como mucho solo aplicaban su imaginación a trabajos que favorecieran el suministro para satisfacer las necesidades de los ciudadanos. 

No sucedía lo mismo con otros hacedores de técnicas e ingenios cuyas creaciones se ofrecían al mejor postor. Emperadores, ejércitos y mercaderes de armas solicitaban las obras de numerosos oficios que no eran aceptados en la ciudad que hubo en Karmansur. No se ha sabido jamás si fue por envidias entre artífices o para apoderarse de conocimientos o por iniciativa de gobernantes que esta otra clase de artistas decidieron organizar la invasión y toma del tranquilo núcleo de Karmansur. 

Deteniendo la actividad ordinaria e interrumpiendo el cumplimiento de los pedidos se pusieron en marcha hacia la ciudad de los artistas pacíficos pensando en el pronto retorno. Sus intenciones eran destruir aquellas obras de adorno que hallaran por el lugar, apoderarse de información y llevarse cautivos a los artistas más jóvenes, después de haber cortado las manos a los más experimentados. Pasaron varios días y las fuerzas vivas de las ciudades del reino de Selomán, principalmente las más activas y belicosas, empezaron a preocuparse porque no volvían sus artífices. Transcurrieron nuevas jornadas y toda la actividad industriosa y laboral de las urbes permanecía en situación crítica. Se organizó un ejército que diera con el paradero de Karmansur pero los geógrafos al servicio del rey y de los nobles de las ciudades estado no sabían con precisión dónde se hallaba situada la ciudad, por lo que el ejército tuvo que volver a su punto de partida. 

Nunca se desveló el misterio de qué fue del destacamento de artífices que había ido a apoderarse de Karmansur. ¿Se había extraviado por el desierto? ¿Les había salido al encuentro, cosa extraña, fuerzas de la pequeña ciudad porque ésta ya estuviera avisada de las intenciones funestas de sus enemigos? ¿Llegaron a penetrar en la ciudad y se perdieron entre sus recovecos, calles que subían de improviso o descendían por sorpresa hasta zonas hondas? ¿O hubo un pacto secreto entre creadores que habitaban allí y los que llegaban por el que estaban decididos a abolir todo signo de la utilización de la creación artística para actividades destructivas? 

No habiendo pruebas más concluyentes el asunto nos ha llegado como leyenda. Tú juega el dado y escapa antes de que se te cierre la salida del zigurat.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 25 de septiembre de 2017

41. Ante la duda




Fue una toma fugaz. ¿Ave o pez?, se preguntaron al unísono los atónitos viandantes. Alguien comentó: vaya, un nuevo bicho híbrido. Otro: es un exponente más de la mezcla de especies. Y el señor que se ponía la mano de visera contra el sol para asegurarse de su plumaje, ¿o eran escamas?, dijo: por fin los seres fantásticos salieron del Apocalipsis para hacerse carne. Sin embargo fue tan escasa la gente que vio el acontecimiento de aquel vuelo ultra rápido que los testimonios no estaban claros. Tampoco la fotografía dilucidó el misterio. Había salido borrosa, el intento de atrapar el vuelo, ¿o fue una emersión?, resultó fallido. Ante la duda, dijo el fotógrafo ocasional al pequeño grupo de visionarios, olvidemos el incidente y que no cunda el bulo. Ya hay suficientes monstruos más allá y más acá de nosotros y no tenemos ninguna necesidad de catalogar uno nuevo. Salvo que se manifieste nítido y revolucione el panorama.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)






sábado, 23 de septiembre de 2017

40. Los inversos




En la lejana civilización de Himet-Vat son elegidos para gobernar el país los hombres al revés. También se les conoce en los territorios vecinos como los inversos.

Esta élite, asentada en la antaño fértil urbe de Tell-Ogüz, son una mezcla de magos, sabios, artistas y políticos. Las malas lenguas comentan que dicen que son todo pero que no son nada. Y, en efecto, nadie sabe contar de ellos que hayan realizado descubrimientos sorprendentes, que se conozca revelación alguna de sus conocimientos, que hayan creado alguna obra digna de admiración o que realicen eficaces gestiones que hagan avanzar el Estado que rigen. Sin embargo son un modelo para los pobladores, de tal manera que está creciendo cada vez más el número de estos que desarrollan las artes gimnastas de los inversos. Ya no es extraño encontrar por las calles empobrecidas de Tell-Ogüz u otras ciudades a hombres y mujeres, niños e incluso ancianos, caminando con mayor o menor dificultad con los pies para arriba y la cabeza deprimida, casi hundida en el suelo. De tal manera han tomado como ejemplo la actitud de la casta de los inversos que se han vuelto tan rigurosos, incluso algunos viajeros les denominan intolerantes, que sus cuerpos se están deformando. Así parece que los brazos no les sostienen apenas, la cintura se dobla, la columna adquiere la forma de escalones y los pies bailan ridículos y torpes. Es curioso observar que, por el contrario, la cabeza permanece relativamente altiva, no obstante estar algo encogida entre los hombros, pero en cuanto hablan la vocalización es defectuosa, las palabras salen inconexas y las ideas se desgarran tervigersadas hasta límites insospechados. Nadie sabe con certeza qué futuro les depara. Las ciudades estado que rodean a aquellas que pertenecen a Himet-Vat permanecen a la expectativa y ya muchos empiezan a nombrarlas como la civilización de los saltimbanquis, los equilibristas del infierno o, y este término es francamente despectivo, los arrastrados.

Salta la casilla lo antes que puedas, jugador, no vaya a ser que quedes atrapado en la necia cultura que invierte la cultura y te veas en el trance de convertirte en otro hombre al revés.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)



viernes, 22 de septiembre de 2017

39. La voz




Allá dentro está el origen. Allí la llamada. El origen no es un individuo ni una molécula ni un símbolo. Es la emoción de los sonidos ancestrales e imaginarios. La seguridad que da un abrigo. El vértigo de lo que se hace y muta a cada instante. La compenetración de los hemisferios que se reproducen en tantos seres. La voz. Lo que se recibe y cuanto se emite. Trae tantos mundos y significados que los hombres primitivos ya la utilizaron para convocar a otros hombres. También para conjurar los elementos que les azuzaban con crueldad. Tótem y adorno. Laberinto y profundidad. El joven Pneus, que cuidaba cabras junto al acantilado, extraía tales sonidos de aquella cavidad misteriosa a la que mimaba que era requerido por otros pastores. Los nautas perdidos en la proximidad de la costa se salvaban al percibir la música. Algunas tribus belicosas se lo disputaban por el enorme poder que concitaban sus sones contra tribus enemigas. Pero Pneus disfrutaba sobre todo cuando hacía llegar a una joven de la humilde aldea, distante de la choza donde él vivía, aquellos cánticos. Porque no era solamente el sonido, era la intención que el pastor procuraba para hacerle saber a su amada lo que sentía. Se vieran o no se vieran, los amantes se entendían. ¿Cómo puedes saberte correspondido si sólo eres tú quien musica?, le preguntaban los zagales del entorno. Oh, el viento habla por ella y me devuelve sus sentimientos, respondía ufano.




(Ilustración de Artemio Rodríguez)


miércoles, 20 de septiembre de 2017

38. El líder




Munén, el más docto de la tribu superior de los antropoides habló de la siguiente manera. Agitó varias veces el brazo izquierdo, extendió su índice desarrollado, lo alzó indicando el cielo, lo extendió hacia la concurrencia, señaló el suelo. Todos los movimientos los ejecutaba rítmicamente y con afán imperativo. Con una de sus extremidades se sostenía en el principio de la sujeción  y con la otra ratificaba cuanto decía su brazo todopoderoso y hablador. Porque la mímica era lenguaje desarrollado y efectivo entre aquella especie que subía y descendía de las alturas con el mayor dominio y comodidad. Al concluir la disertación de gestos el público primate se agitó en las ramas, danzó sobre el suelo, golpeó los troncos de los árboles en señal de reconocimiento y satisfacción por lo visto y, en menor medida, captado.

Uno de los asistentes destacó un dedo con timidez, un apéndice más bien corto y, a través de ademanes y pausas, preguntó por qué no utilizaba el brazo que siempre mantenía colgado el predicador, como mano tonta, sin ejercitar con ella. Lo tengo reservado para grandes designios, respondió el líder en el mismo idioma, es decir, extendiendo hacia el horizonte el brazo izquierdo, agitando la palma velluda y elevándola lentamente en dirección al sol. Entonces, todos los monos que, aun pertenecientes al mismo género que el sabio, se limitaban a seguir las instrucciones y órdenes que el sumo hacedor proponía, abrieron al unísono la boca y la dejaron de par en par un buen rato. Era el gesto por el que demostraban su pasmo ante el saber del dirigente y ofrecían acatamiento a cuantos consejos y mandatos recibieran de él.

Otro de los enfervorizados espectadores, animado por el ejemplo anterior, se decidió a preguntar. Moviendo una de las manos varias veces deseaba saber qué era eso de los designios y que si tal invento les iba a facilitar la vida. Esta vez el jefe no respondió. Se le encendieron los ojos, gruñó un instante e hizo un ademán con su cabeza a dos corpulentos primates que se hallaban junto a él. Estos bajaron de sus ramas y separaron de la tribu al imprudente que había preguntado. Luego se lo llevaron lejos y todos se miraron comprendiendo que le esperaba un destino poco amable. El líder se recompuso, gruñó varias veces para impetrar silencio y con gran espectacularidad dirigió la mano tonta en dirección a la masa. Algunos quieren saberlo todo, dijo con aquel movimiento impositivo de la mano. La concurrencia, como un solo mono, agachó la cabeza en señal de sumisión.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)  


lunes, 18 de septiembre de 2017

37. El baile endiablado




Sabes dejarte llevar bien, le dice ella. Sabes tomar la iniciativa muy hábilmente, dice él. Cuando yo bailo me gusta conducir el otro cuerpo como si fuera parte de mí, dice la mujer. Cuando me sacan a bailar me gusta que me arrastren a lo imprevisto, responde el hombre. Aquí se invierten todos los papeles, dicen los dos a la vez, y ríen y ponen más ritmo al baile. ¿Sabes que bailar es un juego de aproximaciones y rechazos?, pregunta el bailarín. Lo sé, afirma la bailarina, también de ofrecimientos y de retirada. Y te diré más: aquí los cuerpos llegan más profundamente que si yacieran el uno junto al otro en el ritual del amor. El hombre, sin parar: eso mismo creo yo. Aquí hay un ritmo frenético que viene impuesto por la música, que es como el tercer amante. También opino así, ratifica ella. Y ese amante marca la relación pasajera pero entregada, ¿no crees? El hombre que baila hace ademán afirmativo con la cabeza. La música sube el tono, los instrumentos de la orquesta entran todos en erupción, se impone una velocidad cercana al abismo. Ambos se agitan, las manos de uno se apropian del cuerpo del otro, doblan las piernas, sacuden sus cabezas, se insinúan pero esconden al público, con sus movimientos enloquecidos, la pasión compartida. Fijan, en fin, la mirada con una obscenidad que solo saben distinguir ellos. Cesa la música. Todos les rodean y hacen un coro de aplausos. Estuvo bien nuestro tercer amante, dice él. Fue decisivo, dice ella, mientras agradece a los presentes el reconocimiento.  

¿Que no sabes bailar, jugador? Intenta unos pasos si el dado cae entre los bailarines. No podrás echarlo de nuevo hasta que no ejecutes algo que se te ocurra. Lo más sencillo.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)

domingo, 17 de septiembre de 2017

36. Llamada del origen salvaje




A la llamada, no se sabe si apocalíptica o gloriosa, que solo escuchan ciertas aves las aguas mansas sueltan a las familias que se aquietan en ellas, los estanques a las privilegiadas por la belleza, las granjas a sus crías rollizas. Es la revuelta contra la domesticidad y el retorno al estadio anterior. No es tampoco una involución, pues sus fisiologías no se van a alterar, sino que se van a poner al servicio del ente misterioso que emite el sonido invisible. El eco se extiende por valles y mesetas, se desliza por las costas y repica entre laderas agrestes. Las aves que se habían acomodado desde hace siglos a las venturas y cuidados de los humanos se sienten reclamadas por un olvidado origen. ¿Qué precio pagarán por retrotraerse a una edad más primitiva? ¿Qué tendrán que reaprender? ¿Cuántos desasosiegos no traerá la adaptación a un ámbito que desconocen las generaciones actuales? ¿O no llegarán a ningún lugar, pues la música que las ha hecho partir no tiene una ubicación específica? Entonces tal vez ello suponga el principio de su extinción.

Cuidado, jugador, si el dado cae en este cisne exuberante. También te acecha la seducción de un viaje al principio de tus días. Crees que ganarás pero en realidad apenas conseguirás otra cosa que demorar el recorrido.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


sábado, 16 de septiembre de 2017

35. A saltos



Sube sobre su lomo, jugador loco. No llegarás tal vez a ninguna parte -¿hay que llegar a algún lado?- pero en sus idas y venidas verás mundo. La altura de sus saltos te darán la medida del territorio que te está permitido poseer con el deseo. A través de su agitación palparás la alegría de lo lúdico. ¿No te parece suficiente? ¿Acaso no habías comprobado todavía que tu existencia apenas es un baile de ocasiones que, las cojas o no, son efímeras y quebradizas? Presumas de hombre disperso o de hombre centrado los paisajes no son tuyos y, por lo tanto, nunca podrás decir con propìedad: fui el dueño de tal lugar o  aquel espacio lo creé yo. Aprovecha los saltos que te brinden alegría, que deslicen placeres inesperados, que te envuelvan en el goce de la ternura.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


jueves, 14 de septiembre de 2017

34. Aprendizaje de los animales fantásticos




Muchos seres híbridos quieren ser más híbridos todavía. No solo mezcla de uno o dos animales, sino de animal y hombre, sino de hombre y mujer. Incluso los hay que pretenden incorporar más elementos porque, piensan, cuanta más diversidad exótica haya más enriquecimiento personal se obtendrá. Para ello no dudan en apoderarse de otros seres y extraer aquellos órganos que les interesa añadir a los propios. Si estamos dotados de más personalidades más perfectos seremos, mascullan. ¿Que se quiere galopar y volar? Se mixtifican cuerpo de gacela y alas de águila. ¿Que se intenta sentir como humano y como animal? Se prepara el híbrido de hombre o mujer y de caballo. ¿Qué viene bien ser visible y cuando interese invisible? Hay híbridos que han conseguido ser elefante y a la vez ácaro. Lo admirable del mundo de los seres mezclados es que la idea de utilidad estimula los fines que pretenden lograr. Lo sorprendente es que en ese nuevo ser desaparece el dominante, porque siempre la otra parte sustrae el ímpetu o la soberbia de la parte que pretenda imponerse. En ese sentido, el problema es que hay vidas de las que no se sabe si van o vienen. Si quieren estar o quieren destruirse. Las posibilidades de crecer llevan parejas las de disminuir. 

Un biólogo de la región china de Shaanxi opina que los seres mestizos son más bellos e inteligentes cuanto menos trata de imponerse una de sus dos personalidades físicas. Cómo llegar al equilibrio es producto del azar. Lo importante, dice Han Yi (nombre ficticio de dicho científico), es tener cierta claridad de lo que se desea. No acumular propiedades de otros seres solamente porque se haya visto que en ellos funcionan. A la pregunta de un periodista sobre el futuro que ve a estos híbridos el hombre de Shaanxi responde: hace tiempo que empezó el futuro de los seres mestizos, pero no lo habíamos observado. Compruebe usted el comportamiento de un pretendido humano a lo largo de uno o dos días  -sistema de comidas, movimientos, miradas, organización del sueño, silencios o parladas-   e irá sacando conclusiones sobre los animales que le configuran. Por supuesto, también puede observarse a sí mismo, pero ahí el riesgo es no tener suficiente perspectiva para dar con la clave de su formación. 

Si la cifra de tu dado te ha detenido aquí, elige sin dudar demasiado un modelo de ser fantástico y sigue pulsando la suerte.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)



martes, 12 de septiembre de 2017

33. Estas voces y músicas celestiales



Soy la síntesis de los que me precedieron. Me encuentro en el aedo, en el rapsoda, en el recitador, en el bardo, en el trovador, en el cantautor de la víspera. Y todos ellos, resucitando el pasado, emergen en mí. Recorro caminos donde muchos no se aventuran y me detengo en las aldeas donde las voces y los dulces sonidos no llegan. Soy contratado para los jardines de los filósofos y me detengo en las tabernas de los que consuelan al anochecer sus ásperas jornadas. Acompaño las mesnadas del señor y canto por encargo a las damas que aman los caballeros. Accedo a las estancias de los enfermos y hago llover melancolía sobre las losas de los muertos. Apaciguo las decisiones que toman los comerciantes y suavizo las tertulias donde se agita lo irascible. Llego hasta las aulas de las nuevas culturas y me embarco en las exploraciones más ultramarinas. Me deslizo en el renacer de las modernas ideas y sobrevivo en los cánones donde éstas se repiten o se agotan. Alivio las lamentaciones de los perseguidos y apoyo las causas de los rebeldes. Rebajo las angustias de los penados y elevo las aspiraciones de cuantos anhelan ser libres. Las letras y las músicas se hacen un solo individuo cuando mi garganta y mis manos se conjuran para impulsar la esperanza. Ven, jugador del camino, y escucha mi canción y la melodía del viento que se acuna en mi regazo.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 11 de septiembre de 2017

32. Hacia lo cierto a través de lo incierto




Tanta ave entre este cielo y esta tierra, ¿estarán diciéndonos que no dejemos nunca de emprender el vuelo? ¿Tratarán de indicarnos el camino? ¿Invitan a que no nos rindamos? ¿Nos proponen acaso una actitud que desconocemos? ¿Dónde acumulan tanta floritura de su pico y con qué fin? Acaso solamente nos recuerdan que andar el camino  -volar-  es perseverar. Insistir en un rumbo a través de lo incierto. Aguantar el tirón de una dirección cuyo destino lo conocemos pero no lo aceptamos por las buenas. Estimular a que mi yo y tu yo lleguen a algún grado de entendimiento. Soportar los desencuentros de aquí abajo. Perseguir buenamente lo placentero y huir cuanto antes, si se puede, de lo doloroso. Pueden ser tan variados y extensos los mensajes de las aves...

No te pongas de todos modos en sus alas, jugador. Y no precipites tu camino, por muy incierto que sea, pues cuando te llegue el destino cierto ya habrás terminado la partida. La que no se puede ganar nunca.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


domingo, 10 de septiembre de 2017

31. Sáquenme...




Qué oscuro está todo aquí abajo (es el eco el que habla) Plas...plas...plas...(onomatopeya de gotas de lluvia finas que caen con lentitud al fondo) ¿Hay alguien ahí fuera? (nueva voz del eco) Plaf...plaf...plaf...(onomatopeya de gotas más gordas que se precipitan hasta la negrura más honda) No me dejen aquí (el eco y su voz turbia y lejana) Broooom...(onomatopeya de trueno que rebota por la vertical del círculo de piedra quedo) Que alguien me ayude (voz rasgada del eco) Un relámpago se besa con el agua del pozo (la luz no mete ruido) Sáquenme...(el eco quiebra del todo) Sin onomatopeya (el silencio no se representa con lenguaje) 

Aunque es una metáfora de uso frecuente aquella que dice que hay que salir del pozo, lo cierto es que la realidad nunca deparó demasiadas oportunidades de emerger. Quien caía a un pozo resultaba que lo hacía con todas las consecuencias, sobre todo si era profundo o le habían arrojado para que se despeñase. El pozo ha servido, además de para echar el caldero y sacar agua fresquita, para esconder (tesoros, armas, propaganda política) y en eso de ocultar su uso era comparable a los altares de las iglesias católicas. El pozo ha servido para contemplarse los amantes en su agua quieta durante las noches de luna llena. El pozo ha sido útil (qué horror tal utilidad) para hacer desaparecer a los enemigos. El pozo ha sido usado por los ladrones para esperar el mejor momento de asaltar la casa. El pozo nos pide que tiremos una piedra y luego otra y agucemos el oído. También puede exigir una moneda como impuesto que te garantice la obtención de un deseo. Yo de niño tiraba los zapatitos de las niñas de mi vecindad al pozo y me llevaba regañinas. Todavía tengo pendiente bajar a recuperarlos y devolvérselos, pero sospecho que ellas habrán crecido (y no quisiera a estas alturas y a tanta distancia de aquella fechoría que me castigaran de nuevo)

Jugador que el dado te ha traído hasta el pozo. Haz trampa antes de que perezcas en él. ¿No has visto cuánta gente se salva por hacer trampas en esta vida? (O se hunden del todo)



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


viernes, 8 de septiembre de 2017

30. Cogitus




Yo, Homo Cogitus, abrumado por el vacío de mis pensamientos, escarnecido por el abandono al que me someten mis próximos, desgastado por la pérdida de mi identidad, absorbido por la ideología todopoderosa de la publicidad, salpicado por la insalubridad de las doctrinas, atrapado a mi pesar por la sinrazón única y relegado a la condición de materia de detritus me declaro en bancarrota ética. Si bien dando por supuesto que alguna vez se hubiera tenido claro en la historia del zoo humano qué es la rectitud de obrar, la actitud de tolerancia a la divergencia, el afán generoso de compartir y el respeto a la conciencia individual. Habiendo rechazado por lo tanto cualquier nuevo intento de repensar el mundo y en ello de replantearme a mí mismo opto, dentro de los escasos márgenes que me son permitidos, por convertirme en roca o asentarme como raíz de árbol añejo o transfigurar mi vida en cauce fluvial o incrementar las huestes de las energías desatadas de la atmósfera o simplemente resolver mi condición fallida en los ecosistemas de cualquiera de los gusanos que edifican su mundo sin preguntas ni respuestas.  




(Ilustración de Artemio Rodríguez)

miércoles, 6 de septiembre de 2017

29. El hombrecillo y el fuego de la tierra




Hermosa hazaña la del hombre pequeño logrando alcanzar el fuego. No lo inventó, lo recondujo. El hombre siempre tuvo el dragón dentro de sí. Cuando miró con perseverancia los fenómenos naturales, cuando ejercitó su ingenio, cuando transformó sus propias manos en el primer instrumento hábil que iba a crear más herramientas complementarias, el fuego ya estuvo a su alcance. Entonces, la conciencia de poder alterar a su favor una parte pequeña del lado intocable de la naturaleza le hizo crecer. Podía llegar a mayores proyectos. Eran tiempos en que no había medida de tiempo. Hoy el hombre sigue tratando de alcanzar aquella parte del fuego que aún no posee. Es su tendencia tenaz e ilimitada, y en cierto modo lleva camino de conseguirlo. Puesto que aún no ha sido capaz de inventar algo seguro que le permita llegar hasta el sol, ni ha controlado el fondo de los volcanes, ha traído otros soles a su tierra. Los que el hombre mismo ha fabricado. El empeño por su control no oculta la duda del riesgo. No hay animal fantástico o ser imaginario más poderoso que la energía que emana de la tierra y que el hombrecillo sigue intentando tomar en su poder. Y ya no da tanto miedo lo ajeno como lo propio. Porque dentro del hombrecillo su pretensión de capacidad ilimitada le ha hecho fantasear en exceso. No sabe parar ni poner límites. ¿Le devorará la larga lengua de fuego de su engreimiento?



(Ilustración de Artemio Rodríguez)



martes, 5 de septiembre de 2017

28. La troupe




La troupe es lo residual de los nómadas de todos los tiempos. Los saltimbanquis que van en ella encarnan la dinámica universal. También las últimas comprobaciones de las leyes físicas. No son ya aquellos cazadores recolectores a pie de suelo nuevo cada día, ni se trasladan con ganados por extensas regiones, ni se trata de comerciantes de caravana que se detienen hoy en esta ciudad y mañana en otra más recóndita. Ni siquiera pertenecen a mesnada guerrera alguna cuya única razón de ser es vivir al día y cobrar la soldada y gastarla después en la compensación de placeres ocasionales. 

Los saltimbanquis de la troupe venden juego y con su exhibición provocan el deleite visual. Siendo tan antiguo su oficio como el de otros nómadas, pues el espectáculo lúdico siempre fue muy apreciado entre los habitantes de pueblos y ciudades, aún se ejercita para asombro de mayores y emulación de criaturas cuyo cuerpo les permite virguerías. Los dos hermanos de la troupe saben infinidad de ejercicios y hay un momento en sus contorsiones, probadas una y otra vez hasta el infinito, en que sus cuerpos individuales se diluyen para dar paso a uno único que suscita admiración. 

Ha corrido de boca en boca esta hazaña y los espectadores se apresuran a esperar en medio de la plaza donde ejecutan su número de la milagrosa posición que les hace únicos. Lo curioso es que se esté colocado en cualquier parte del perímetro de asistentes todos y cada uno tienen la misma percepción. No hay truco, no hay defecto. Si uno se pone detrás de ellos los miembros del volatinero de abajo se entrelazan con el superior. Si se coloca uno de frente el mismo trenzado no deja entrever fisura alguna. Los niños, que siempre son los que más se asombran, temen,. no sin razón, que haya un momento en que ambos hermanos no puedan separarse. Son los siameses del movimiento, los que unen habilidad natural con emociones y sentimientos, y crean un ser dual que da la impresión de que no van a separarse nunca. Que se traten de hombre y mujer sorprende todavía más y cuando están en plena concentración y llegan a ese punto de comunión mágica la gente los ve como sobrenaturales. Entonces el público irrumpe en aplausos y quien más y quien menos desea practicar en sus casas tras abandonar el show. Sueñan con que emulando tal adiestramiento maravilloso el marido y la mujer se reencuentren más allá de sus conflictos, los hermanos se sientan más fraternales superando sus envidias, los niños adquieran un mayor crecimiento en su complicidad. Pero, ¿y los ancianos? Los ancianos, en primera fila de asistentes al acto, han rendido sus deseos entre la visión limitada de sus ojos de cataratas y sólo recuerdan con ojos humedecidos. Solamente recuerdan.




(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 4 de septiembre de 2017

27. En bandada




Hay tantos pájaros sobre nuestras cabezas  -muchos más dentro de ella-  que mejor dar la espalda al tenaz batir de sus alas. Van y vienen, pero mejor no saber a dónde se dirigen y de qué lugar proceden. Tal vez la caída de alguna pluma o de uno de sus detritus nos obliguen a mirarlos con sorpresa o con indignación. Se hacen tanto de rogar...Vayas por donde vayas te sobrevolarán aves de otros continentes o simplemente aquellas más domésticas. Son como las ideas, y como a las ideas también se las puede ignorar, aceptar o matar. Tú eliges, jugador de vuelo rasante, y sabrás qué infinitivo te apetece conjugar. Pero piénsalo bien, por si te arrepientes de la decisión. Al fin y al cabo, tú y los tuyos también actuáis en bandada.




(Ilustración de Artemio Rodríguez)


domingo, 3 de septiembre de 2017

26. Los híbridos




Los seres híbridos son entrañables. Ese aspecto que tienen de estar sin terminar o de haberse confundido al hacerse, y a la vez estar formados de dos seres, me atrapa. Me da en pensar. Por ejemplo, que empezaron como un individuo de una especie determinada y acabaron siendo otro individuo de una clase diferente. ¿Qué mantendrán de la primera y cuánto de la segunda? Ninguna de las dos es la definitiva, sino una tercera, la que les ha configurado como seres de dos mundos. En el espectro de los seres fantásticos abundan. Dibujantes, pintores, grabadores, amanuenses, artistas de las cavernas...los han modelado a su aire imaginativo. Pero ¿quién puede pensar a estas alturas que los híbridos, la doble o triple personalidad, los que se crecen en dimensiones sorprendentes, los que crían heterónimos, no existen en la vida real? Yo conozco algunos: apariencia normal, simpatía en unos, huida en otros, pero ojo, nunca confundir un híbrido con un orate, si bien puede haber de este género que sean híbridos, obviamente. Los híbridos multiplican como por ensalmo sus posibilidades, aunque también es cierto que gran número de ellos perecen en el intento. Son grandes jugadores, pues, de la vida. Los juegos de mesa no les interesan tanto como aquellos en los que las piezas son otros individuos, los movimientos se configuran como oportunidades y el tablero de la partida es un sinfín de situaciones de resultado desigual. Una característica extraordinaria de los híbridos: a veces vienen cuando tú vas. Otra capacidad: intentan una y otra vez las jugadas cuando sufren derrotas. Son inasequibles al fracaso y ágiles emprendedores. Un riesgo: que intenten hacer algo decisivo con una de sus dos composiciones, obviando la otra. Entonces la confusión está asegurada y el desenlace imprevisto.  

Antes de echar de nuevo el dado asegúrate de si eres o no eres híbrido, procura que el deseo de una puntuación no se vea interferida por la excesiva racionalidad. Hay que dejar abierta la puerta al azar, pues a nadie nos ha sido dado controlar todo el panorama.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


viernes, 1 de septiembre de 2017

25. El faro




El primer faro no fue tal sino una serie de hogueras en la zona más saliente de los cabos. Los hombres aún vivían en imperfectas arquitecturas que transformaban poco a poco. Así mismo amparaban las endebles edificaciones que iban a más con agrupaciones horizontales de piedra que las cercaban. Se sentían protegidos de enemigos reales y de la adversidad de sus miedos. 

También fueron diseñando frágiles embarcaciones que no podían alejarse en exceso del litoral. La audacia no bastaba para sobrevivir y muchos perecían, apenas se alejaban pocas millas mar adentro sin saber volver o retornando a ciegas hacia la fatalidad.  Alguien dijo: ¿y si levantamos una construcción elevada desde donde se otee el horizonte? ¿Y si nuestros arriesgados hombres que se aventuran en el océano pueden estar más seguros al retornar a casa con una referencia que les guíe? Pero alguien, más prudente, dijo: Apenas sabemos poner piedra sobre piedra en las hileras de nuestras murallas, sin exceder la altura posible, ¿y quieres que hagamos un montículo con las piedras? ¿Cómo íbamos a conseguir subirlas? Otro de la aldea, menos osado todavía y más temeroso, añadió: Además, desafiaríamos al cielo, y ya tenemos demasiados males como para provocar más las iras de las nubes y los seres poderosos que las habitan. Pero aquel vecino tan decidido volvió a insistir: Pues entonces que nadie salga a explorar el mundo, que nadie nos traiga aquellas materias ricas que a veces hemos probado o intercambiado, y si salen que la suerte les favorezca pues de lo contrario nuestra aldea se diezmará y los supervivientes hambrientos tendrán que emigrar. Si no ayudamos a nuestros hombres de mar pereceremos todos. Debemos ver la manera de llevar las hogueras más altas y protegerlas contra el viento y la lluvia. Los habitantes se hallaban divididos y no todos razonaban. A unos les podía un complejo de impotencia, a otros las falsas creencias, a otros el desinterés. 

Fue uno de los hombres más endurecidos por la experiencia del océano, que había sobrevivido a las catástrofes en varias ocasiones, el que expuso su criterio: Solo quienes hemos arriesgado la vida y conocemos las dificultades de la navegación podemos exigir vuestro esfuerzo y probablemente el sacrificio. Diseñaremos entre todos un altillo de rocas y en la parte superior dejaremos unas aberturas por donde salga la luz de la hoguera, así las demás piedras la protegerán. Uno dijo: Y si vamos a tener dificultad para levantar esa elevación, ¿cómo podríamos llegar hasta la hoguera cuando se apague? Pero la obcecación del hombre que había navegado no tenía límite: Eso lo iremos descubriendo sobre la marcha, solo empezando se sigue; solo continuando se avanza; solo avanzando lograremos el objetivo, respondió el curtido navegante. A todos les pareció un estímulo su manera de hablar. Y las miradas de aquel grupo de hombres y mujeres y ancianos y niños y animales domésticos prendieron como diminutas hogueras de esperanza. Entonces todos los que habían dudado o disentido de la idea, porque entonces aún ni siquiera era proyecto, cedieron en sus posiciones timoratas. El hombre de mar aprovechó la ocasión y dijo en tono convincente: pongámonos manos a la obra.

Jugador de la oca: Si a pesar de las luces que avisan de la costa próxima te golpeas contra las rocas o aún peor contra los farallones es que estás ciego. Corrige tu defecto visual y sigue tu camino con el objetivo de la luz de la razón que te ilumine.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


miércoles, 30 de agosto de 2017

24. La pastora




El viajero urbano que extravía su ruta pierde un horizonte pero encuentra otro. Nunca supo cómo llegó hasta aquel valle de prados y hondonadas. Al principio la vio allí, pastoreando, trasladando por las noches al ganado hasta la cabaña del monte y sacándolo a pastar con el rocío del alba. Luego se acercó a ella para saber de su oficio, y ella le contó cómo eran sus días y le habló de otras tareas complementarias y cómo le quedaba también tiempo para leer, pues deseaba conocer las vidas de los otros ya que apenas podía ampliar la propia. Entonces el viajero, que se tenía por lector, pero que más que vivir las vidas ajenas las imaginaba, se entusiasmó con las anécdotas de ella y vio en sus narraciones un libro abierto. Ella le preguntó a su vez a qué se dedicaba y si viajaba mucho y si leía como la apariencia revelaba. Pero él se declaró zángano, un afortunado de la vida que dispone de su tiempo, aunque sus medios fueran precarios, y le dijo que se lanzaba a los caminos para comprobar que lo que había leído en las invenciones de los libros ocurría también fuera del papel. Ella se entusiasmó con la revelación del joven. Entonces, le dijo, ahora sabrás por fin que hay pastoras que conducen su ganado, que apenas abandonan su valle, que difícilmente se relacionan con más personas, a las que de pronto se les aparece un viajero extraviado con el que hablan de sus trabajos y de sus holgazanerías, de sus observaciones rudas y de las sutiles, que se intercambian olores vacunos y sudores de caminante, que se sientan al pie de la borda o se meten dentro si amenaza lluvia, y se cuentan y hacen por descubrirse y se miran en silencio y escuchan el rumor del viento interrumpido por mugidos templados y leen uno en la piel del otro...

Viajero: Odiseo no pararía mucho en esta casilla, y ya habría echado nuevamente el dado; pero puede que no quieras llegar a otro lugar que no sea esa humilde cabaña, así que tú mismo decides la demora.   



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 28 de agosto de 2017

23. El vuelo de los contrarios




¿Quién te manda quedarte boquiabierto por el paso del pájaro? ¿Que te parece esbelto y de vuelo delicado? Cuántas veces la fragilidad oculta aviesas intenciones. ¿Que sientes curiosidad de dónde edificará su nido? Preocúpate tú por mantener tu hábitat antes de que un avispado humano te lo quite. ¿Que crees que es un símbolo que traslada a los hombres y grupos en conflicto? No seas tan ingenuo de pensar que estos van a aceptar por las buenas la mediación de un ave bienintencionada. ¿Que ves la dirección de su vuelo como una invitación a que participes de su horizonte? Pon los pies en el suelo y otea tu propia extensión, que tampoco te está garantizada pero al menos te ayudarán tus referencias y las de los tuyos. 

La vida es también vuelo de los contrarios. No se trata de ser agorero, sino de contemplar variados puntos de vista y principalmente los opuestos. No es fácil saber de qué lado está el bien que esperas ni cuánta es su duración. Pero para eso se han inventado los opuestos: para complementarse.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


domingo, 27 de agosto de 2017

22. El bateador




Justo se levantaron los de la fila de delante y no viste el golpe de gracia del bateador. El público estaba tan enfervorizado con la hazaña que pedía más y alentaba la carrera desenfrenada del jugador hasta la primera base. En aquel momento todo el mundo del estadio era un solo hombre o un ser que trascendía a los hombres como suele ocurrir en cualquier deporte de masas. Nadie estaba pendiente de que te quedaras sentado, se trataba de un gesto de rebeldía que lo único que podía causarte era incomprensión, pero la masa monstruo prefería aullar con una sola voz, con un solo puño extendido al terreno de juego. Fue entonces cuando viste que una chica tan díscola como tú, unos asientos más allá, permanecía ausente del partido y te miraba. Cómo llegó hasta tu lado y te sacó a empujones de la fila es algo que no has podido entender todavía. Luego ella te ha explicado muchas veces que se aburría demasiado y que se decía a sí misma que si encontraba a alguien al que tampoco se le viera divertido se casaría con él. Por supuesto que esto último no ha sucedido ni lleva camino porque, como bien dice la chica, el matrimonio es otro espectáculo de masas, aunque a la carta, y no conviene arriesgarse a que de inicial jugador te conviertas en espectador desde dentro. Bueno, le sueles decir tú, creo que al menos nosotros hemos alcanzado la primera base. Un comentario que no sabes muy bien qué quiere decir.  Por cierto, nunca mostraste interés por quién ganó aquel partido. Preferiste el resultado obtenido por ti mismo.



(Ilustración de Artemio Rodríguez) 



viernes, 25 de agosto de 2017

21. Dulce piedad




Proteger la vida es piedad. Piedad es procurar. La vida siempre es un extremo, aunque creamos que no pasa nada. ¿Hay algo más profundo que el ejercicio de cuidados que la madre caracola efectúa con sus crías? Cuando se protege al más desasistido el gesto es superior. El tirón biológico es anterior al que los hombres han determinado como moral. Los hombres, que somos mitad aves mitad peces, o acaso mitad culebras mitad caracolas, deberíamos entender mejor nuestros orígenes, que no están solamente en esa especie que descendió de los árboles. Hubo más y antes. Diferentes y en otras circunstancias. Cuenta una leyenda de los babinga que su madre original se formó del cruce entre tres seres elementos:  las abejas salvajes, el aire del anochecer y el limo de las charcas. El alimento, el movimiento, la forma. 

Si te ha conmovido que tu dado cayera en la casilla de la piedad, piensa en lo que hubo antes de tu origen, en cómo los elementos seres se procuraron para subsistir y de qué manera sobrevivieron no los más audaces sino los más amorosos. O acaso los más audaces en el amor.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


jueves, 24 de agosto de 2017

20. El zindú




Le llaman el zindú. Por el día adorna los paseos de acceso a templos abandonados de la antigua civilización. Por la noche se desprende de los frisos y dicen que se dedica a tallar nuevas piedras berroqueñas hasta dotarlas de misteriosas representaciones. Los visitantes ocasionales y los arqueólogos que de vez en cuando inspeccionan el estado de las ruinas se sorprenden de hallar esculturas recién labradas que suplen el deterioro de otras. Puesto que el material es el mismo que las primitivas obras indígenas su calidad formal no se diferencia en absoluto de éstas. Naturalmente están desprovistas de verdín, no muestran desgaste alguno y gracias a la meticulosidad de los detalles que componen cada figura se puede reconstruir cómo eran aquellas imágenes más antiguas que la incuria, el clima y los seísmos han deteriorado a lo largo de los siglos. Nadie sabe qué quiere decir zindú y nadie sabe describir con exactitud cómo realiza su actividad, ni de qué técnicas ni herramientas dispone, ni si las obras las finaliza en una noche o en mil. Algunos exploradores que han acampado en la región de los templos antiguos suelen escuchar desde que cae el día golpes exactos de cantería, ruidos semejantes al de serrar la piedra y largos sonidos de arrastre que aplastan el bajo fecundo de la selva. También cuentan que durante la oscuridad los pájaros de la noche callan y las serpientes se recogen en lo profundo de sus madrigueras. 




(Ilustración de Artemio Rodríguez)



miércoles, 23 de agosto de 2017

19. El hombre abatido




Un hombre descansa o huye. O acaso hace ambas cosas. Un hombre está abatido y repiensa su vida. Un hombre ya no espera porque se le pasó el tiempo de hacerlo. Un hombre contempla de mala gana el paisaje exterior porque el íntimo se le ha venido encima como un cataclismo. Dicen que los paisajes son más bellos después de los desastres, lo cual es una verdad dudosa: nunca sabremos cómo eran antes de que la tierra cayera sobre la tierra y el cielo ocultara la luz durante un tiempo y las aguas cambiaran un curso oceánico para tornarse en hielo. Tal vez el hombre desconsolado que se ha refugiado en un triste hotel de carretera medite en todo ello como manera de elevarse sobre sus desdichas. Nadie pasa por delante del edificio y el hombre se percibe más ausente. Nadie llega para hospedarse y el hombre teme que tanta soledad le pierda. Una luz: el decaído se rebela contra la tentación de justificarse por la carencia de otras presencias. Deja de apoyarse en la baranda, se desliza por los pasillos del hotel, registra las habitaciones numeradas vacías, baja y sube de nuevo hasta la azotea. Es como si el servicio hubiera abandonado a la carrera el lugar, mientras el frescor se crece entre las corrientes de las puertas abiertas de par en par de los cuartos. Aire: aquella ventilación sacude al hombre y él implora al viento para que aleje de sí los turbios pensamientos.

Jugador: ¿cuánto tiempo piensas aplazar tu salida del hotel? Paga la cuenta y ponte en marcha, antes de que no puedas luego continuar con comodidad la ruta de la oca sabia.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 21 de agosto de 2017

18. El pájaro de la fabulación




Demasiados pájaros en este juego. Repetidas ramitas simbólicas en sus picos. Pero ni las garras ni las alas prestas a ser agitadas al menor peligro ni sus graznidos te dan confianza. Miras a unos con respeto, a otros con afecto, a los más con disimulo. Las aves son las herederas de aquellos animales fabulosos que poblaron el planeta antes del gran cataclismo. Por eso hay tantas. Por todas partes. Con todo tipo de plumajes y tamaños y formas. Las hay leves y pequeñas; las hay corpulentas y poderosas. Aves del cielo y del mar y de la tierra y del fuego.

Recuerda la historia que te contaron de niño. Un grupo de hombres estaba a punto de perder la vida porque el fuego se apagaba. No tenían más ramaje y por lo tanto era imposible avivar aquel hogar al descubierto. La desesperación crecía entre ellos. Invocaron el fuego profundo de la tierra, ese que dicen los viajeros que es emitido brutalmente de vez en cuando hasta cambiar la faz del suelo. Súbitamente, de entre los rescoldos de la hoguera que se extinguía emergió un ave de plumas como llamas y su vuelo era una mezcla del humo y ceniza al viento. El pájaro hablaba con el sonido del chisporroteo. Luego revoloteó sobre los hombres que estaban a punto de ser presas del frío más atroz y así estuvo toda la noche, dando vueltas sobre sus cabezas y calentándolos. Hasta que amaneció y el sol empezó a llegar generoso y directo a los cuerpos. Los hombres se habían quedado dormidos placenteramente por efecto de aquel calor mágico. Cuando despertaron en la hoguera solo había ceniza de colores y el ave ígnea había desaparecido.

Está bien que quieras mantenerte una jugada en esta casilla, sin avanzar. Sientes que aún perdura en ti un calor inexplicado. Pero debes partir antes de que los otros jugadores den con el pájaro de fuego y lo pongan en cautividad. 


(Ilustración de Artemio Rodríguez)

domingo, 20 de agosto de 2017

17. Posesión




¿Fue su lengua la que recorrió mi cuello, mi pecho, mi abdomen, mis ingles, mis extremidades antes de inocular en mis entrañas el veneno atroz que cegaba la visión del mundo que me rodeaba? En el sueño que me embargó largamente sentí que una mujer invisible tomaba cada palmo de mi superficie espantada. Si trataba de reaccionar, me atenazaba. Si gemía, ahogaba mis desvaríos. Si me quedaba quieto, me agitaba hasta la convulsión. Si hervían mis sustancias profundas, las templaba a su capricho. De su lengua hizo arte de caza y fui su presa. De aquella unción de sangre y sal surgió el hombre reptil que se desliza entre la fractura de las rocas vivientes. 



(Ilustración de Artemio Rodríguez)




viernes, 18 de agosto de 2017

16. La lucha de goma




La última vez saliste perdedor. Ah, ¿qué tenía truco y te tocó perder? Si me estás diciendo que todo era teatro, que tanta apariencia de fuerza y el sudor y los ayes del público falso y los exabruptos de los contendientes, todo, era parte del atrezzo no me decepcionaré. Estoy acostumbrado. La gente asiste a las mayores barbaridades cometidas con los cuerpos como si se sentaran ante un espectáculo. Si la sangre de verdad la convierte en ficción es como si doliera menos. De eso quieren convencerse muchos. Con mayor motivo que en un espectáculo menor, donde corrían apuestas y griteríos, y quien más o quien menos expelía agrio mezcal de su garganta, y aquella cadena de televisión enardeciendo telespectadores, el tono empleado sea de saber que al final no ha pasado nada. Cada cual cobra lo acordado y todos a casa, hasta la próxima. Es la pedagogía que suaviza los pies de la violencia. ¿Que alguien cerca de ti ha sufrido el espasmo de la brutalidad pendenciera e inesperada? Se le aplica la pedagogía de lo ficticio, se llora un poco, se consuela con miradas tiernas a la viudita, se brinda por la memoria del finado y a correr. Siempre a correr. Corre cuanto antes a otra casilla, los luchadores de goma puede que no sean lo que te toque a ti en cualquier momento si alguien mueve su dedo fácil y su talante descerebrado.  




(Ilustración de Artemio Rodríguez)

  

jueves, 17 de agosto de 2017

15.Todos los hijos del dios tienen zapatos




El ángel del jazz caído y resucitado. El encantador de serpientes musicales. El enviado de Moisés recién fabricada la trompeta que ordenara Yahvé. El clarinetista Woody transmitiendo ironías. El eunuco de la mujer del faraón amenizando su ocio. El flautista que se llevará a los necios, que no esta vez a los niños, al país de Nuncajamásvolverás. El recolector de notas perdidas. El trompetista de Jericó derribando muros entre los hombres. El efebo de la sálpinx que deleitaba a los acompañantes de Safo. El púber Dizzy Gillespie rompiendo las primeras notas aprendidas. El querubín barroco descendido del retablo. El empuñador de la tuba anunciando que no hay más enemigos. El objetor del Apocalipsis renunciando a lo escrito y designado.

¿Cuántas imágenes te vienen a la mente? ¿Con cuál de los personajes citados te identificas? Mientras te pides ser uno de ellos sigue pulsando la suerte. La elección musical te favorece.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)

miércoles, 16 de agosto de 2017

14. En son de qué




Me dices que has aprendido a prevenirte de la poderosa ave. Que en su pico traslada una rama de oferta aparente pero que lleva siempre las garras afiladas. Ambas tácticas son parte de la estrategia de su supervivencia, pero en cuanto halla el camino libre para afianzar su poder omnímodo desecha una para actuar con la otra. Desconfía del símbolo, no te embobes con su majestuosidad, sospecha de su condescendencia. Que vea que no eres ni cordero ni liebre. ¿Que te repugna crecerte como otro ser aguerrido del cielo y de la tierra? Medita. ¿Qué te pide tu instinto? ¿No sabes todavía que una de las luchas más feroces entre los animales de este mundo es entre el instinto y la razón? Si estás a tiempo huir puede ser buena solución. Si te sientes frágil busca otros de tu especie con los que hacer frente al riesgo mortal. ¿Qué quieres romper la dinámica bruta de toda la historia que, por otra parte, no ha traído nada bueno ni para unos contendientes ni para otros? Reflexiona si es mensajera o reina la que acecha, y si viene en son de paz o de dominio. Pero que no sea tarde para averiguar en son de qué caerá sobre ti.   

Si tu dado marca esta casilla, vuelve rápidamente a echarlo. Detenerte en ella a admirar el vuelo mayestático puede ser un peligro. En lo que quedas anulado por su seducción puedes ser entero de ella para tu mal. 



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


martes, 15 de agosto de 2017

13. Y la nave debe seguir yendo




¿Quién teme a un número que es como cualquier otro? De temer una cifra, teme al número no nombrado, al que no cuenta, al que se desconoce, al silencioso, al que aumenta la desgracia de los hombres o al que rebaja su dignidad. Ponerte en ruta a la sombra de un número caprichoso no es ni mejor ni peor. Lo que vale es el rumbo que tomes, aunque la mayor parte de las veces la orientación no sea premeditada sino que se va adecuando según obligue la navegación.

La mayoría de los vivientes simulan tener un destino, pero el destino no es solo incierto sino abstracto. El destino siempre es un recorrido corto, aunque desees, y lo consigas, llegar lejos. ¿Que Odiseo se embarcó para llegar a ninguna parte? Naturalmente. Él solo quería probar lo que había en el trayecto: animales, hombres, seres fantásticos, seducciones o sueños. El autor del poema viene a decir que llegó a buen puerto por saber ignorar cuanto accidente o tentación aparecieron sobre la ruta. No lo creo.

Sé que para ti, navegante, el recurso al recuerdo de  la partida y al anhelo de la llegada son meras excusas. Embarcado estás en el océano de lo ignoto y, por lo tanto, de la sorpresa. No te atemorices ante cada escollo, ni te hagas arrastrar de buenas a primeras por propuestas que no percibas firmes, ni te dejes vencer por los vientos más bravíos y las tempestades más desproporcionadas. Pero si en cada situación o al menos en alguna de ellas encuentras motivos para prospectar tu naturaleza, dedica un tiempo, por si no vuelves a tener la oportunidad. Aligera la carga en cuanto sientas que te oprimen y te retienen las fuerzas más inesperadas. Llegará la calma y entonces disfruta del instante de la levedad. Debes seguir navegando. No hay más opción. Y que los seres de las aguas te acompañen dulcemente.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


lunes, 14 de agosto de 2017

12. La simbiosis del narrador




Qué grande y crecido te ves allá arriba, sobre el manso y pesado cuadrúpedo. ¿Cuál es vuestra simbiosis? El paquidermo te traslada, fiel y seguro, hasta los paisajes inexplorados. ¿Qué le ofreces tú a cambio? Ah, ¿que le cuentas historias? Él es más sabio y justo que tú y te traslada hasta donde habitan otros hombres. Cuando llegáis a profundas aldeas el animal se para en el solar en torno al que se asientan las chozas. Salen en algarabía los niños primero, después, más prudentes, las mujeres, más tarde los ancianos, tras estos llevan en andas a los impedidos y al caer la tarde los varones cazadores, que vuelven cansados y sudorosos, llenos de polvo y malhumorados porque no han conseguido el trofeo perseguido, se sientan en cuclillas a escucharte. Entonces, sin exigir nada, todos callan. El tiempo es muy flojo en la aldea y nadie tiene prisa. Más bien saben que cuanto más esperan tu palabra mayor es la curiosidad y más emocionante la expectación desatada. ¿De qué les vas a hablar hoy? ¿De lejanos países donde corre el agua a raudales cuando se deshace la nieve en las montañas? ¿De extensiones donde el salitre es todo humedad y no se ve tierra firme? ¿De aldeas gigantescas donde las gentes van y vienen en multitud de oficios y cargas y destinos? No es necesario que la historia sea larga, sino intensa. Ellos solo quieren saber algo que no sea de su inmutable ámbito. A cambio -siempre el juego de concesiones y trueques-  el hombre aquel que está tirado en un rincón, enclenque y de edad imprecisa, que no se hace ver, se alzará sobre su demediado cuerpo enjuto y relatará, con voz débil pero exacta, la historia de su pueblo como si fuera la más importante y rica del mundo. Y tú, hombre elefante, cuando vayas a otros lugares la tendrás ordenada en tu pensamiento y la narrarás también.

No es obligatorio detenerte en exceso en esta casilla, pero si eres un jugador que prefiere soñar, no corras en echar el dado. Si como jinete del gran animal que es el relato te sientes a gusto en la aldea perdida, no desestimes la ocasión de conocer otras vidas.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)