sábado, 9 de abril de 2011

Indolencias (XII)



Pero no les pertenecía. Se había apartado tanto de estos como de los que conoció en el principio. No estaba ya ni en un lugar ni en el otro. Se sabía en su propia consistencia, pero también en su ligereza. Se palpaba en su capacidad penetrante, pero también en la fragilidad de quien se aísla. Emplazado entre el limo y el arroyo, acariciado permanentemente por el viento, protegido de los avatares por la vegetación.  

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