sábado, 5 de agosto de 2017

4. El centrocampista




El campo de visión es equidistante desde donde habita. O eso cree. Esa presunción le mantiene como defensor y a la vez como agresor, sin ser del todo ni lo uno ni lo otro. Piensa que de ese modo controla los peligros y activa las reacciones. Sabe que no está en soledad, aunque en ocasiones pretenda desmarcarse. ¿Qué se lo impide? Su propia perspectiva. Su ubicación. Sus límites. Se tiene por héroe del espacio, capaz de mantener el equilibrio. Como si todo dependiera de él. Sin embargo hay ocasiones en que las circunstancias le empequeñecen, en que otros jugadores de la vida le ignoran. Y pierde la referencia del ámbito donde campa porque en realidad su suelo es inestable y tantas veces indistinguible. Porque las dimensiones por donde patea arriba y abajo con poca convicción son corredizas. Porque su territorio no es la meta ni en él se apunta triunfo alguno, pues los hombres son así. Está y no está en medio de los extremos que se disputan la competición. Aún cree, inocentemente, que existe el punto medio. El centro de la armonía.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)

2 comentarios:

  1. Yo, con tu permiso, si creo en el punto medio.
    Soy aristotélico convencido.
    Un abrazo
    Salut

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    1. Naturalmente, claro que puedes creer, aunque no se sepa con certeza si existe o si es imaginario.

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