jueves, 10 de agosto de 2017

9. La misión voladora



A la ave mensajera se le supone transportadora de virtudes tales como: bondad, desinterés, dadivosidad, otorgamiento, propuesta, pacificación, acuerdo. Los hombres cuando la ven llegar detienen sus quehaceres o sus enconos, si bien por breve tiempo, contemplando dónde depositará su porción generosa. Esperando que ella resuelva sus problemas. A veces deja caer la rama sobre terreno neutral y los hombres de un lado y otro se precipitan para apropiarse de ella, lo cual da lugar a que el primer grupo que llegue vea que es disputado el anhelado tesoro por el otro bando. A veces los hombres dividen en dos aquel trocito de vegetal, porque no saben perder el fatídico sentido de la propiedad, con lo que la disputa se enerva por aquello de tú cogiste una porción más grande que yo. Hay contadas ocasiones en que las distintas facciones humanas se detienen ante el mensaje que yace en el suelo y reflexionan sobre cómo tomarlo, quién será el depositario y de qué manera debe conservarse incólume, pues dice una tradición que mientras la rama que traslada un ave en su pico permanece entera así de tranquila será la existencia de los hombres.

Pero, ¿cómo denominar la misión del pájaro cuando pasa de largo sobre nuestras cabezas? Sé de un ave que fue y volvió con la misma ramita. Sé de otro pájaro que dejó caer su carga por aburrimiento sobre el mar. Sé de otro, desesperado, que mientras realizaba su vuelo fue esparciendo pequeñas raciones de alimento a las torturadas almas de los hombres. Sé de una ave objetora que nunca quiso partir con señal alguna en su pico porque dijo que los de abajo no la hacían caso y en cierta ocasión llegaron a disparar cartuchos directamente a su cuerpo. 

Tiempos de confusión para los pájaros de paz.



(Ilustración de Artemio Rodríguez)


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